
No estoy seguro cuántos años fueron, pero creo que casi un par de décadas las que mi abuela paterna trabajó para el actor James Stewart, organizando recepciones y cocinando a invitados de la talla de Harrison Ford o el ex presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan y su esposa. (se dice que Nancy y ella intercambiaban recetas).
“Ciliaa… ciilliiaaaa”, se escuchaba resonar en las dependencias de la casa de Beverly Hills cuando el señor Stewart necesitaba no sólo el apoyo culinario de Cecilia Dapper, sino en consejos tales como surcir un pantalón, por ejemplo. Vivió junto a él hasta un par de años antes de su deceso en Julio de 1997.

Comida casera. Sencilla, pero de calidad, fue lo que cautivó además de los paladares de Gloria y James, de quienes ocuparon también un lugar en su mesa. Donde la cocinera dejó siempre un presente hecho a mano por ella, en cada puesto.
Sin duda había magia en aquello.