
Será porque el primer Oskar Pravecek del que tengo registro nació en Viena (mi abuelo). O quizás porque Jindrich Pravecek, (compositor y director eslovaco de principios del siglo pasado), derramó su pasión por las partituras hacia torrentes tan lejanos e inimaginables como la herencia genética se lo permitió…
No lo sé. Lo que si sé, es que Wolfgang Amadeus forma parte escencial de mis recetas o de cualquier cosa que mezcle con pasión y locura dentro de una olla.
Quiero investigar por qué cocinar con Mozart es distinto. Me atrevería a decir que los ingredientes junto a otros elementos lúdicos (que no pretendo revelar por lo pronto), vibran de manera distinta al enfrentarse a un “Rex tremendae” o un “lacrimosa”.
Confundido pero no aturdido invito a quienes quieran aventurarse a preparar una ópera prima de sabores y deseen invitar al maestro a intervenir en su obra. Me encantaría conocer el resultado de tan mágico experimento.
