
Hace un par de horas toqué puerto después de 2 semanas de “fábula” por el sur de Chile y Argentina.
Subí unos 5 kilos y no me arrepiento.
De tanto andar de restorán en restorán, cafeterías, barbacoas y demases…, ahora debo correr el gancho del cinturón un par de agujeros más hacia la izquierda, (de todo aquello escribiré y graficaré apenas recupere el sueño y el aliento).
Cada lugar fue tocado por la magia de algún alquímico cocinero y por supuesto una de las responsables de mi “nuevo look”, fue mi abuela y sus Ravioles rellenos de espinaca, morcilla alemana, queso emmental y salsa tuco con carne de cerdo.

Y no podía ser de otra forma…, “cuando saboreas una masa que parece terciopelo derritiéndose en la boca, con un relleno suave y una salsa vigorosa”… los complejos desaparecen y el efecto calórico se hace sentir.
Dos platos bastaron para dejarme sin habla.
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