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Bariloche

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Cuando salí de vacaciones inmediatamente pensé… (esto va a traer consecuencias)… iré al sur y engordaré como ternero lechón al amparo de restoranes, picadas y la infaltable y llena de elogios… “cocina de mi abuela”.
Y fue verdad. Tanto así…, que no quedé conforme con lo que mi bello país me ofrecía y crucé la cordillera hacia la hermana república Argentina.
Y es que Bariloche para mi tiene historia. Historia de familia. Mi padre nació allí y mi abuela cocinó en sus inicios y pasó gran parte de sus aventuras y desventuras en el otrora pueblo y ahora gran centro invernal y cosmopolita.
La gente que lo visita le amerita (además de su arquitectura característica), un aire a Los Alpes …y vaya si puedo decir que de paisajes nada debe envidiarle al cordón montañoso europeo.
Los chocolates y la carne fueron mi dieta durante mi estadía… y para coronar… encontré tabaco cubano de primera, a un tercio del precio acostumbrado en mi país. Como podrán comprender… un pequeño paraiso para mis placeres sibaríticos.

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Cada cuadra está llena de bolichitos dedicados a agasajar a los estómagos más exigentes (a precios muy convenientes para el bolsillo extrangero), donde la famosa parrilla argentina es la estrella. También la trucha salmonidea y las carnes de caza mayor, tanto de “plumas” como de “pelos”, hacen sufrir a los más avezados y extremos comensales (como vuestro servidor).
Comí bife chorizo en tres lugares diferentes (trozo de carne de 500 grs. generalmente y de textura tan tierna que se corta con el tenedor), el precio promedio es de 22 pesos… (unos 7 dólares). El restorán a recomendar según mi sondeo debiera ser “El boliche de Alberto” por su relación precio- calidad y servicio. Y en segundo lugar, restorán “Los leños”, al entrar a la ciudad y atendido por su propio dueño.

A continuación un breve resumen de este mágico lugar al estilo de Wikipedia:

“San Carlos de Bariloche, o simplemente Bariloche, es una ciudad de la Argentina.

Se trata de la ciudad de turismo invernal más importante de Sudamérica. Está ubicada en el sudoeste de la provincia de Río Negro,  junto a la Cordillera de los Andes, en la rivera sur del lago Nahuel Huapi. Sus reservas naturales, que incluyen lagos, bosques y montañas, su estilo arquitectónico, y sus destacados centros de esquí son el principal atractivo y sustento económico de esta ciudad. Es también la cabecera del departamento homónimo.

El nombre Bariloche proviene del mapundungun y es un derivado de la palabra Vuriloche, que significa “gente del otro lado de la montaña”. Este nombre le daban los mapuches a los habitantes originarios que se encontraban de este lado de la cordillera. Por otro lado, al comienzo, San Carlos se originó con el almacén de Ramos Generales de Don Carlos Wiederhold instalado en 1895 en el actual centro de la ciudad. Luego, al fundarse la ciudad, el nombre fue mal entendido en una carta que le fue enviada a Wiederhold, pasando de Don Carlos a San Carlos, mezclando así su nombre con el de la ciudad.

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Fue fundada oficialmente el 3 de mayo de 1902, por decreto del Poder Ejecutivo de la Nación. En 1909 tenía ya unos 1.250 habitantes, telégrafo, correo y camino hasta Neuquén. Pero continuaron dependiendo del comercio con Chile hasta la llegada del ferrocarril en 1934.

Entre 1935 y 1940, la Dirección de Parques Nacionales, realiza una serie de obras y edificios, embelleciendo y caracterizando con dicha arquitectura la ciudad. Algunas de ellas son: el Centro Cívico, que albergaba a la biblioteca con un teatro, el museo, el edificio de la Municipalidad con su torre con reloj, la oficina de correos y telégrafos, la policía y la aduana. También la Catedral de Bariloche y el hotel Llao Llao entre otros.

Bariloche es la sede del Instituto Balseiro, del Centro Atómico Bariloche y de INVAP, instituciones científicas y tecnológicas con prestigio internacional”.

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Como dato anecdótico debo comentar que “se dice” que en Bariloche hay más camas para alquilar que en toda la república Argentina… (una exageración), pero que nos da la pauta para darnos cuenta de la gran cantidad de turismo que reciben tanto en invierno como en verano.

De arriba hacia abajo: Vista panorámica de la ciudad. Costillas de cerdo a la parrilla. Uno de los muchos boliches. Hotel Llao llao.

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La joya del pacífico.

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Ayer decidí darme la revancha de aquel fiasco experimentado en el Galeón hace algún tiempo ya.
Volví y me adentré en aquel mundillo de puesteros del Mercado Central de Santiago… -y cual salmón regresando al origen-, busqué con impetuoso afán, y deseoso de salir “lleno” de felicidad.

Llegué a temprana hora. La gente recién asomaba la naríz por las distintas entradas, cuando yo ya estaba sentado frotándome las manos a la espera de mi Merluza frita, con tomate y ají verde.
Alejandro…, un atento y maseteado anfitrión, fue el encargado de hacer correr por la mesa el pan calientito, la mantequilla y el pebre, mientras la añorada pieza de pescado hacía su aparición.

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(La cocina a este nivel se caracteriza por su tosca presentación y falta de toda clase de rituales de órden culinario. Pero está llena de sabor, picardía y sazón…, a precios casi ridículos para los bolsillos de los turistas).

Les prometo que gocé cada bocado.
La fritura sequita y crujiente…, (perfecta). Dentro…, la carne blanca, suave y de un sabor inmejorable. Todo por $2.500 (unos 5 dólares), con bebestible incluído.

El lugar se llama “la joya del pacífico” y sólo puedo agregar que lleva muy bien puesto su nombre.

Picá San Pedro.

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Entre Con Cón y Reñaca, bordeando la costa…, se encuentra este paraíso de la cocina informal de la 5ta región.

Poseedor del galardón popular de las “tres B”, (bueno, bonito y barato), nos ofrece una variada carta de pescados, mariscos y platos criollos dignos de quien guste de la buena mesa sin restricciones ni siutiquerías.

Atentos garzones corren entre las apegadas mesas haciendo enganches y fintas cuales habilidosos futbolistas, lo que convierte al comedor en un alocado ir y venir de platos, colores y aromas. (se recomienda llegar cerca del mediodía ya que después el lleno es total).

“Amaricé” junto a mi clan… embajadores del apellido Pravecek, quienes repartidos por distintas latitudes en el orbe, saben que es necesario reencontrarse y reencantarse con los placeres de la vida de cuando en vez. El trámite de elegir fue rápido, y junto a mi tío y compañero de batalla (Hans Pravecek), optamos por un curanto a las brasas para 2 (pero comen 3).

Chirriante, abundante y rebozante… llegó a nuestra mesa un jardín de mariscos en fondo de greda. Doble porción de pescado, costilla ahumada, pollo y camarones gigantes sumergidos todos en un caldo de antología. Por 8 mil pesos (unos 15 dólares), te quedas con este trofeo hecho sólo para campeones de la mandíbula batiente… (ya que el tamaño impresiona).

Los invito a no dejar de visitar este lugar apto sólo para comensales extremos.

  

Galeón a la deriva.

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Como lo prometí en uno de mis primeros posteos, fuí a averiguar si el mejor pescado frito de Santiago se encuentra en el Mercado Central.  Para ello, acudí con mi pareja y compañera de interminables festines y de paso reciclar una segunda opinión.

El lugar invita a perderse entre los rincones, y los vociferantes garzones “haciendo la carretilla”, te llevan casi a tropezones hasta la mesa de una de las tantas “picadas” al interior de esta clásica construcción, enclavada en uno de los barrios más viejos y populares de la capital… el Mapocho.

Guiándome por las apariencias, salí de la nave central del edificio hacia “El Galeón”.

La pulcritud de su cocina (a la vista), impecables cocineros y meseros vestidos como para una gala, me dieron el vamos y pensé…(no importa cuánto cueste). Y es que la mayoría de los restoranes aquí, destacan por ser aptos para el bolsillo más sencillo, menos éste. En cualquier otro comes lo mismo por menos morlacos.

Una vez sentados, hambrientos y espectantes, decidimos comenzar por un ceviche de reineta (unos 8 dólares). Debo reconocer que si no es el mejor que he probado, debe andar cerca… por cuanto el comienzo fue motivante.

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Enseguida siguieron al desfile una merluza frita con ensalada chilena (tomate con cebolla, una pisca de ajo, limón y aceite) y papas fritas (10 dólares), más un lenguado con salsa de locos (20 dólares). Y es en este punto donde la pesadilla marina dió comienzo… la cebolla sin amortiguar y las papas lejos de ser crujientes… de un aspecto deprimente. El lenguado fuera de punto y la salsa perecía decirme: ..”para que no te olvides nunca que existe la sal”.

 Haciendo entrever mi disgusto, y con la leve sensación de haber sido estafado, expliqué a mis anfitriones lo complicado que es manejar un barco si apenas podrías navegar en bote. Y más aún si la tormenta arrecia… (analogía a un restorán lleno de comensales).

Borrón y cuenta nueva. Volveré e indagaré a cuál poner buen título, y salir con la guatita llena y el corazón contento.

Fast Food v/s Fast Good.

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2 conceptos. 2 modelos de negocio. 1 mercado. Quién ganará esta pelea..?

Hasta el momento parece que el “Chilensis vulgaris” (ciudadano corriente), prefiere la comida chatarra a la más elaborada y menos grasosa competidora. Lamentablemente, la mayor concentración se ubica en este segmento, por cuanto la batalla se torna desigual al momento de dar rotación a la demanda.
Por mi parte, debo reconocer que me paseo por ambos estilos.
Cuando voy por la carretera, cansado, sediento, y ya no escucho el motor del auto debido a los reclamos que emanan de mi interior… es porque debo llenar mi estanque rápido. Es en este punto donde la idea de Retail que han logrado ciertas compañías de combustible adquiere tintes de genialidad. “Tener todo en un sólo lugar”. En pocos minutos elegí, pagué, engullí y listo. Sin formalidades. Volqué sobre la mesa mis sentidos más básicos y me volví un cavernícola. En segundos recuperé el aliento y seguí mi camino.

Por el contrario. La primera vez que visité Fast Good Chile, “me fui con calma”. La hora a la que llegué (después de almuerzo), me permitió darme un tour por todo el restorán, y les digo que está diseñado y planeado para agilizar el trámite, pero te quedas con la sensación de haberte tomado tu tiempo como corresponde. El cajero a cargo (un verdadero anfitrión), me mostró las dependencias (nunca vi un baño más limpio), me explicó los procesos, me enseñó la carta y hasta me recomendó un plato. Genial. La nota divertida, fue que no tenía idea quién era Ferrán Adriá.. (increíble).

Como dice el refrán… “en la variedad está el gusto”, y yo pienso seguir siendo infiel a ambas… con ambas.

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